Antes de abordar el tema de cómo una Ley General de Educación puede dar respuesta a la pregunta de si se tiene que negar o no negar el lucro, siendo el lucro la posibilidad que tiene un privado de ganar dinero legítimamente mediante el ejercicio de una actividad educativa, tenemos que tomar una postura frente al tema. Y aquí no puedo sino estar del lado de los estudiantes y decir que no, no creo que sea prudente un establecimiento educacional que lucre. Estoy tomando una posición, y me apartaré del análisis puro y duro, porque creo que es necesario.
Pensemos por un momento en qué cosas son con ánimo de lucro. Ánimo de lucro es lo que hay en todas las compras y todas las ventas, donde una persona entrega una cosa a cambio de dinero. Por ejemplo, yo voy a la feria, y compro un kilo de manzanas. Pago $200 por kilo de manzanas, y pido 4, porque a mí me gustan las manzanas. Quizás usted esté pensando “¿qué tienen que ver las manzanas con la LGE o con la educación?” Pronto llegaremos allá.
¿Qué pasa si llego a mi casa y descubro que de los 4 kilos un kilo completo de manzanas está harinoso? Se veían bonitas por fuera, pero un cuarto de las manzanas es incomible. “Ya”, uno piensa, “elegiré mejor las manzanas para la próxima”. Aquí surge la primera cosa en que tenemos que poner atención, “elegir”. Basándome en esta premisa, iré a comprar manzanas donde me dejen elegir cada manzana, y echaré las manzanas que yo elija, a mi cesto. ¿Y cómo las elegiré? Pues tocándolas, apretándolas y todo lo demás.
Esto, reductio ad absurdum mediante, es la visión actual del mercado educacional. Lo que se pretende con la LGE es llevarnos de la primera realidad, la realidad de la LOCE, donde yo no puedo elegir bien mi establecimiento educacional porque no sé qué problemas de gestión trae, cuál es su puntaje SIMCE o cuáles son los problemas judiciales de los profesores que tiene, a una realidad donde sí tengo parámetros objetivos para elegir. Tengo los resultados SIMCE, tengo una certificación de calidad de una Agencia de Calidad de la Educación, tengo evaluaciones del colegio y sé que si hay problemas grandes la Superintendencia de Educación vendrá y le quitará el reconocimiento al colegio. O sea, sé que las manzanas no serán harinosas.
El problema con esto, es que las manzanas y la educación no son lo mismo, y no funcionan con las mismas reglas. Veamos más.
Si a mí me dicen que por comprar manzanas harinosas en un puesto de mala muerte sufriré consecuencias por toda mi vida, les aseguro que me reiré en la cara del tipo que me diga eso. Las manzanas harinosas generan como consecuencia mal sabor de boca, que cuando mucho se quita con un buen vaso de agua. Y no tengo idea si en 30 años más tendré o no diabetes por las manzanas, ni si la diabetes es producida o no por las manzanas, o si tiene algo que ver. Los seres humanos podemos, razonablemente, prever qué es lo que pasará en el futuro inmediato, sobre la base de variables determinadas. Esa libertad para planear nuestro futuro es esencial para el funcionamiento del libre mercado, y es lo que nos permite, en primer lugar, escoger manzanas. Si no sé qué es una manzana, ¿cómo podré saber que no estoy comiendo una pera en vez de una manzana?
Este, que es el éxito que demuestra el libre mercado en el caso de las manzanas, es su falla más atroz en el mundo educacional. Primero, los padres pobres no se encuentran en una situación igual para elegir un colegio que un padre rico. No sólo porque el padre rico tiene más dinero, sino que, y esto es lo esencial, porque las carencias de cultura del padre pobre le harán tomar decisiones menos informadas y menos buenas que las que tomaría una persona de nivel socioeconómico alto.
En segundo lugar, los seres humanos no podemos prever qué pasará en el futuro lejano, ni mucho menos con algo tan complejo como el desarrollo de la mente humana. Si usted es creyente, Dios podría hacer ese trabajo, pero todos estamos de acuerdo en que un humano no puede. Y las diferencias del padre pobre respecto al padre rico sólo empeoran la situación.
En tercer lugar, cuando se trata de competencia en el libre mercado, no siempre la calidad es lo que cuenta. A veces, el precio también juega un rol preponderante. Es de toda lógica que si vendo manzanas más pasadas que las del vecino, yo voy a vender mis manzanas más baratas. Pero, ¿cuáles son las consecuencias, por ejemplo, de que la Universidad de Ciencias de la Información, UCINF, que se presentó al proceso de acreditación de la Comisión Nacional de Acreditación, y dio lástima, decida bajar sus aranceles y ponerse a competir vía precio? Claramente no se trata sólo de que el cliente pagará menos por un producto más malo, sino que, y aquí va otro problema que no ocurre con las manzanas, ese producto más malo son profesionales menos capaces, que harán trabajos más malos y harán progresar menos al país. O que no los harán, quedando cesantes, y privando al país de crecimiento y desarrollo. Eso es mucho más grave que una manzana pasada, como se ve. Y claro, profesionales cesantes no pueden comprar manzanas.
Como vemos, el mercado es incapaz de corregir ciertas distorsiones. El mercado no puede igualar cerebralmente a un padre rico y a un padre pobre, con distinta educación y distintos conocimientos. El padre rico, como hasta su tatarabuelo fue profesional, seguramente quiere que su hijo sea profesional. El hijo de zapatero, que quizás fue hijo de un minero del salitre, que vino en el éxodo del 30 y nació de un peón de algún oscuro fundo de Talca, no tiene el mismo objetivo para su hijo. Y para lograr la verdadera igualación social, no podemos aplicar en educación las leyes del mercado.
La libertad de enseñanza tiene un propósito importante, que es cautelar la democracia mediante la existencia de colegios que representen diversos pensamientos. No tiene como propósito el generar lucro, o beneficio económico, porque la educación no es una actividad que pueda regirse por las leyes económicas de la oferta y de la demanda y por eso debe ser sustraída de ellas.
Un detalle más, que no se nos puede olvidar y es de primer semestre de economía. El problema económico consiste en dar las mejores soluciones, a problemas ilimitados, con recursos escasos. Aquí ni el problema es ilimitado, pues se trata de dar educación a la gente, ni los recursos deben ser escasos, puesto que si lo fueran, Chile estaría hipotecando a su gente. Y no podemos permitirlo.
Fuente: energía:radical






mi analisis? al final del post esta clara la fuente.. energía:radical
bueno el anlisis en cuestion entonces....
pero los mercados regulados no obedecen solo a una tematicas de costos hundidos, ademas tb desde esa interpretacion podria hacerse hacia el gasto de los sostenedores, ya q mucho de los costos par ingrsar al rubro de educacion, son subjetivamente hundidos para ellos. La regulacion en dichos meracdos, como electricidad, no obedece solo a monopolios naturales sino que a razones eficiencia economica, razones que claramente es el finde toda empresa, ser EFICIENTE. Mas aun, hay mercados regulados como electricidad en que no hay monopolios naturales y en varios mercados relevantes existen multiplicidad de competidores.
Pero para alejar la retorica economica, la opcion que planteo se condice, y esa es su virtud, con el modelo economico y social de la cosntitucion y el orden publico economico, pilar fundamental de la cosntitucion y sistema economico y fuente del crecimiento economico que por muchos años experimento este pais. Mas aun, una gran regulacion deja la decicion en manos privadas delimitada a parametros establecidos por el estado. Por ultimo creo que todo aqui se termina diluyendo en la constitucion y su ideario poliyico, valorico y social, que en este caso se manifiesta en el principio de subsidariedad del estado, eje central del la actividad economica.
justamente el modelo que ha hecho de chile un pais existoso en materias economicas (bueno hasta ahora, dada la mala gestion gubernamental que tenemos)
Tengo una postura contra la LGE y la LOCE pero...
se han puesto a pensar que la calidad de la educación podría bajar aún más si se elimina el lucro total de la educación, considerando que los nuevos sostenedores no ganarían un peso por lo tanto se comprometerían "a medias" con su proyecto de escuela/colegio/liceo, etc...? Si ya ahora que hay lucro en la educación hay sostenedores que hacen y deshacen como quieren, cómo serían las cosas si no ganaran un peso? Da para pensar.